Una historia

Abro los ojos despacio, seguro que fue un mal sueño. Abro los ojos despacio y, una vez abiertos, tiemblo al pensar que no fue un sueño. La realidad me ha despertado en este parque, no sé cómo llegué aquí, no entiendo nada.

Muchas personas pasan a mi alrededor, me miran con ojos tristes, sé que hablan de mi, pero no les entiendo, aunque su tono reconforta mi dolor. Otros me ignoran. Algunos perros vienen a saludarme, van con sus collares y correas, me saludan y luego se marchan junto a sus dueños. Me pica el cuello, me rasco y me percato, gracias al tacto, de que yo no llevo collar, ni correa. ¿Cómo me encontrarán entonces?

Estoy hambriento, creo que no he comido desde ayer, así que me dispongo a buscar algo que llevarme a la boca. Contenedores, alrededores de cafeterias, bancos donde la gente se sienta a comer, en todos esos lugares, encuentro migajas de pan que me hagan olvidar esta soledad que llena las horas.

Me echan a patadas de las cafeterías, ponen cara de asco cuando hago mis necesidades, se apartan cuando me ven, otros se compadecen, pero nadie me ayuda a encontrar a mis dueños, no sé donde están.

Ayer salí con ellos, me llevaban en coche, de salida supongo, como otras veces hacíamos todos juntos, ir de excursión. ¡Ay! Me encantaba salir al campo, correr, mi anhelo era que mis dueños disfrutasen conmigo estos momentos. Pero ayer no llegamos al campo, llegamos a un lugar feo con una carretera, abrieron la puerta del coche y fui empujado en ese lugar. No entiendo qué ocurrió, ni cómo llegué aquí, solo intentaba encontrarles y he sido incapaz. Ahora me encuentro solo y tengo miedo de no encontrar a quienes quiero.

Con las pocas fuerzas que las migajas del suelo me han otorgado, reprendo la marcha. Quizá si vuelvo al mismo lugar, les encuentre, me encuentren, y volvamos a casa, nuestra casa. Gracias a mi olfato, consigo encontrar la carretera, el punto donde los vi por última vez. Me siento y espero con anhelo que pronto vengan a reencontrarse conmigo, pero la noche se abalanza sobre mi y vuelvo a estar hambriento y sediento. Regreso sobre mis pasos al parque y bebo de un pequeño charco que se ha formado al regar las plantas. Esta noche no hay migajas que rebañar, tendré que esperar a mañana.

Han pasado semanas quizá, en las que mis idas y venidas a la carretera y este parque han sido diarias. He perdido la esperanza de encontrarles. Hoy regreso antes a mi rincón en este parque, estoy sediento, estoy hambriento y las migajas del suelo no son suficiente. Al lamerme, al rascarme, noto mis costillas doloridas, me miro y descubro que solo soy una sombra del perro que fui. No sé qué ocurrirá si no me encuentran a tiempo, esta tristeza me llenará por completo, temo abandonarme a ella, pero mi esperanza es cada vez más pequeña.

Los rayos de sol golpean mi sucio pelaje lleno de grasa, se me cae el pelo, tengo los ojos sucios y las patas doloridas. Hoy no podré ir a buscarles, mi cuerpo no puede recorrer los kilómetros que separan este parque de aquel diabólico lugar en el que he esperado todo este tiempo. Alguien se acerca a mi, se pone casi a mi altura, ¡me sonríe! ¡Oh, sí, alguien me sonríe por primera vez! Solo puedo mover el rabo mientras me quedo quieto, hecho un ovillo en mi rincón del parque. Saca algo de su bolso, ¡comida! ¡Oh sí, tu has entendido que necesito encontrarles! Como con cautela, nunca me había sabido tan bien esta comida que los humanos nos dan a los perros.

Me acarician. Cuánto tiempo llevo deseando un contacto como éste, hace tanto que no siento una muestra de cariño similar que no he podido evitar gemir. A continuación saca un collar y una correa, todavía no tengo fuerzas para andar y el humano se percata, me coge en brazos con la ayuda de alguien que está con ella y me posicionan en un coche. No sé, quizá también me empujarán, en otra carretera, y todo volverá a empezar, tendré que buscar mi rincón y arañar las migajas del suelo. Con la comodidad del asiento decido echar una cabezadita. Necesito dormir, ojalá al despertar, todo sea un sueño.

Abro los ojos despacio, la realidad me ha despertado. Tengo ante mi a las dos personas de antes, me han llevado a un lugar donde unos cuantos perros vienen a recibirme. Siento que algo me une a ellos, algo mucho más fuerte que el simple hecho de pertenecer a la misma especie.

Otras personas vienen a recibirme, noto que algo en ellos es distinto. Me miran con ojos tristes, algunos derraman lágrimas, mientras me dan la bienvenida a un lugar llamado “Protectora”, el resto de los perros hacen lo propio.

Me voy hacia un rincón cercano y me tumbo, hecho un ovillo. Estoy cansado del viaje, no sé si encontraré a mis dueños alguna vez. Los humanos hablan, sé que hablan de mi. Gracias a mis compañeros, empiezo a entender. Hablan de mi como un perro abandonado, dicen de mis dueños que se cansaron de mi. Gimoteo y me dispongo a dormir después de beber de un cuenco que me han proporcionado.

“Descansa, pequeño angel”, consigo entender de estos humanos, que están cerrando una verja ahora que la noche ha caído sobre este lugar.

Abro los ojos, esperando que no sea un sueño. La realidad me despierta, y, afortunadamente, no ha sido un sueño. Alguien ha llenado el cuenco de agua y está dejando otro cuento repleto de comida justo a mi lado. Mis compañeros siguen explicándome las conversaciones que tienen.

Dicen que se han puesto en contacto con mis dueños, albergo en mi la esperanza de volver a verlos. Ya no recordaba lo que era la esperanza, mi mirada se ilumina y hasta me han entrado ganas de jugar con el resto de perros.

Pero nuevamente, la tristeza me da otro golpe, pues no me quieren. Están de vacaciones y yo no puedo estar con ellos, no cuento en su familia, han dicho que aquí estaré mejor.

Han pasado dos años. Me he acostumbrado a estar en la protectora, pero cada vez que llega el mes de Julio, la desolación llama a la protectora para recordarme cómo llegué hasta aquí. Con cada perro que entra por la verja, con cada nueva conversación en las que las palabras vacaciones y abandono vuelven cogidas de las manos, vuelvo a caer en la cuenta de que alguien, no me quiso una vez.

Es septiembre, mi amiga humana se acerca risueña hasta mi, me acaricia y las lágrimas comienzan a derramarse por sus mejillas, me abraza. ¡Me encanta cuando siento el calor humano junto a mi cuerpo! Este abrazo es distinto, contiene esperanza y tristeza a la vez, no entiendo esta mezcla.

En ese momento, me dijo unas palabras que jamás olvidaré: “Venga pequeño, lo hemos conseguido”.

No entendía qué habíamos conseguido, pero al poco lo entendí. Una persona apareció en el horizonte, se acercó a mi, se agachó y con cariño me puso un collar y una correa. “Hola pequeño, me encanta conocerte. Vamos a casa”.

A casa, no entiendo bien. Esta es mi casa desde hace mucho. Miro con extrañeza a mi voluntaria favorita, que me responde con lágrimas en los ojos. “Esta es tu nueva dueña, ella no te dejará jamás”.

Voy de camino a casa, como dice mi nueva dueña, estoy hecho un ovillo, solo espero que no se arrepienta. Yo haré lo posible porque eso no ocurra, la agradaré por siempre, le seré leal, solo como un perro puede serlo. Solo espero que, ésta vez, sí sea para siempre. Lo merezco.

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7 comentarios en “Una historia

  1. carmen martinez

    Emotivo, humano, precioso,
    Ojalá todos los animales tuvieran esa oportunidad
    Saludos y felicidades por tan bello texto de amor.
    carmen martínez

  2. teresa2

    Precioso !!!!!
    ojala , otros perros abandonados se encuentren con un angel ,como mi Taika encontro a Monica, que les de cariño y confianza hasta que pueda encontrar un hogar definitivo

  3. Ruth

    Duro de leer y pensar que realmente esas cosas pasan. Todos tienen derecho a tener su angel particular. (Si tuviera una buena casa y el sitio adecuado………seria el angel de muchos de ellos)

    Hermoso texto.

  4. ana maria

    Mi perro, al que encontre abandonado hace casi nueve años y lo amé con todo mi ser…. murió el miercóles psado…como comprendereís estoy destrozada. Una buena amiga , que siempre se ha dedicado a recoger animales abandonados me ha enviado esta bonita historia que me gustaría publicar en mi página de face book. No sé como hacerlo.¿Me podriais ayudar…quizás podamos mover el espiritu de mucha gente para que cada vez sean más conscientes d llo importante y lo maravilloso que puede ser compartir la vida con un animalito…. Muchas gracias

  5. red_dream

    Hola Ana Maria.

    Siento mucho la pérdida y el dolor que sientes por la muerte de tu perrito. Yo perdí a mi compañera Katty el agosto pasado, así que lo entiendo.

    Para publicar esta historia bastaría con que copiaras el enlace de esta entrada; https://malagaperruna.wordpress.com/2010/08/02/749/#comments
    Y lo pegases. En tu barra de estado, debajo te saldrán unos iconos (para vídeos, fotos… y para enlaces), lo pegas en el de enlaces, le das a adjuntar y luego lo compartes.

    Espero haberte sido de ayuda.
    Ánimo y un saludo.

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