¡ADN Canino al ataque!

caca Ésta semana se ha aprobado para la ciudad de Málaga la implantación del ADN Canino, que pretende acabar con la suciedad en las calles, así como controlar y poder denunciar casos de abandono y maltrato.

En el instante en que se modifiquen las ordenanzas, los ciudadanos contaremos con 6 meses de plazo para acudir a nuestro veterinario a que le extraiga una muestra de sangre a nuestros perros y se proceda a analizar su ADN e incluirlo en un censo. Ésto, que tendrá un coste de 36 euros por perro y que será subvencionado por el ayuntamiento a familias con pocos recursos económicos, servirá para descartar o encontrar al culpable de las deposiciones caninas que quedan sin recoger en nuestra ciudad, así como para encontrar al dueño de un perro abandonado y poder tramitar una denuncia, o facilitar el reencuentro de un perro perdido con su familia.

Así a priori, parece algo que va a beneficiar a mucha gente, y si se implanta bien, lo hará. Poder librarnos los dueños responsables de que nos increpen una y otra vez en la calle por una suciedad que no nos corresponde, poder ver a un “abandonador” multado, a un maltratador en la cárcel o a un perro perdido volver a casa.

En Xàtiva (Valencia) ya se ha aplicado y, aparte de polémicas aparte (como de la oportuna creación un mes antes de una empresa de análisis de ADN por uno de sus concejales), parece que se ha reducido de forma importante la suciedad en las calles (las de los excrementos, aquí tenemos que lidiar con muchos tipos de suciedad, demasiados).

El problema, una vez más, es que pagarán y pagaremos justos por pecadores. Aunque… ¿no ha sido ésto siempre así?

El problema generalizado en ésta ciudad nuestra en particular, y en éste país en que nos ha tocado vivir en general, es justamente que los que lo hacemos bien siempre acabamos pagando los platos rotos de los que no. En éste caso nos va a costar 36 euros por hocico.

Hasta ahora no nos había costado dinero, pero sí unos cuántos disgustos. ¿Cuántos de vosotros no ha recibido un improperio, un insulto y cosas peores? Recuerdo con facilidad, algunas fachadas con excrementos repartidos por toda ella sólo porque quien vive ahí tiene más de un perro, y que por supuesto recoge las deposiciones de los suyos. Y como esas, muchas más.

Visto desde cierta perspectiva, nos ofrece cierta seguridad, la posibilidad de defender la verdad tantas veces dicha de “esa caca no es mía”. Eso sí, propongo que cuando eso ocurra y alguien nos increpe, llamemos a la policía para que recoja una muestra del deshecho y recoja ambos nombres, el del increpador y el del increpado. Y el que pierda paga el análisis de caca2ADN que asciende a 18 euros (y quizá una multita por acoso no estaría mal en muchos casos).

La cuestión es si aquellos que no recogen el excremento (y que son los mismos que no ponen chip, no vacunan, abandonan…) serán perseguidos por no hacerle al can la prueba de ADN con la misma “vehemencia” (nótese las ironía del entrecomillado) con la que se persigue a los que precisamente no han cumplido ni una sola de las normas establecidas en las ordenanzas de nuestra ciudad, y en las normativas de índole superior como las de la Junta o la Ley Estatal. Ojalá la promesa de que sí se controlará y se multará a los que no sometan a sus perros a tal análisis se cumpla, porque realmente sería la única manera de controlar quiénes son los malos de ésta película y no terminemos pagando los de siempre mientras los “abandonadores”, maltratadores y sucios ciudadanos con los que tenemos que compartir ésta ciudad salen impunes, una vez más.

¿A favor o en contra? Las opiniones son diversas y algunas se encuentran a medio camino entre el sí y el no, pero lo que está claro es que las fotos, las campañitas, el regalo de bolsas y otras tantas que se han intentado llevar a cabo, no funcionan. Que las multas no se aplican lo suficiente está claro. Quizá ésta sea una medida radical, pero quizá sea la que palíe un poco tanta inmundicia que perjudica a los perros y a sus sufridos dueños.

Eso sí, cuidado con vecinos y ciudadanos con afición a fastidiar la vida de los demás, que más de uno se preocupa, con razón, de si el que le ha tocado en suerte, se le ocurra sacar una bolsita de la basura y esparcirla por ahí. Quizá aplastarla y manchar toda la bolsa una vez cerrada, le quite las ganas de hacer la gracia manchándose de aquello que tanto asco le da o tirarla en un contenedor alejado de su influencia maligna.

A uno ya le da por desconfiar de todo, pero es que los dueños responsables creo que ya estamos hartos de ser los que tienen la diana en la frente.

Algunos estamos tan hartos, que ya tenemos el teléfono en la mano para saber cuando podremos regalar 36 euros por cola al Ayuntamiento con tal de que nos dejen en paz y de que, con suerte, pillen al cerdo que nos hace avergonzarnos sin tener por qué.

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