Homenaje a Regina

Regina

Estimada Regina:

Espero que, desde el Arco Iris, puedas escuchar mi voz, leer mis letras…

Apenas recuerdo nada de aquella noche. Cómo tu bien sabes, los perros, aunque tenemos recuerdos (todos los que hemos estado o siguen allí, lo sabemos muy bien), vivimos el día a día, aunque, a veces, esos recuerdos pasados nos dejen huellas en forma de traumas que condicionan nuestra vida.

Ya casi no recuerdo los días en la protectora, y se me nubla la memoria cuando trato de recordar detalles sobre mi pasado allí.

Afortunadamente, yo he podido hacerlo.

Espero que en el Arco Iris, te encuentres bien y, como yo, no recuerdes lo sucedido aquella oscura noche. Lo que sí recuerdo de aquella época, es a toda la gente que nos cuidaba, que nos dieron una vida digna, que lucharon por nosotros, que no nos olvidan. Ya sabes que los humanos se aferran mucho a sus recuerdos.

Regina, aunque ya hace casi dos años de aquella oscura y terrible noche, aquellos humanos que consiguieron ver cómo ibas confiando en ellos un poco más cada día, no te olvidan. Te tienen presente, querida compañera, en cada cosa que hacen, y todavía no han dejado de lamentar lo sucedido aquella noche ni de implorar a gritos justicia para los que te hicieron eso.

Pero hoy, Regina, no quiero hablarte de ellos, no quiero recordarte tu injusto sufrimiento y tu terrible muerte. Hoy, Regina, quiero transmitirte mi más sentido cariño y un mensaje importante que te ayude allí donde estés.

Todavía se puede confiar en ellos.

Y no te hablo de los humanos que forman parte de Ribercan (con ellos, sabes que podemos confiar), si no del resto de humanos. Todavía quedan de los que nos aman por lo que somos y nos miran con ojos de devoción.

Regina, estimada compañera, yo he podido comprobarlo.

Debido a tu muerte, algunos humanos se acercaron a Ribercan, algunos acogieron a algunos perros, otros adoptaron. Noble amiga, me siento afortunado porque, gracias a ti, yo encontré un hogar en el que soy querido, respetado, encontré un hogar, Regina, para siempre.

No veré más intrusos, no veré como nos roban nuestra comida, ni los pocos objetos con los que nuestros humanos amigos de Ribercan nos daban calor, juego… No veré como roban perros para hacerles daño, ni me volverá a pillar la noche por sorpresa para recordarme cómo te robaron, violaron, maltrataron y mataron vilmente.

Querida amiga, tu terrible muerte ha servido para algo, tu caso inundó informativos de televisión, páginas de periódicos, y las calles de aquella ciudad se llenaron de personas pidiendo justicia.

En mi corazón, noble reina, guardo tu presencia y recuerdo, en mi vida, tú has hecho mucho más. Gracias a tu terrible historia, tengo un hogar.

Un vez, a ti, a mi y a muchos otros, nos impidieron tener uno, fuimos abandonados, maltratados… muchos habéis muerto sin conocer el calor de un hogar. Regina, gracias a ti, yo sí he podido. Ojalá hubiésemos podido hacerlo los dos.

Regina, espero que en el Arco Iris, encuentres el calor de ese hogar y que algún día, me recibas con aspecto apacible y juntos, esperemos a todos aquellos que nos hicieron bien en nuestra vida y les ayudemos a ser felices, también allí, porque esa es nuestra misión, acompañar a quienes queremos (los humanos) sin condición y pase lo que pase.

Y sobre aquellos que te hicieron daño… tú y yo sabemos que, aunque nos creen desconfianza, no les guardamos rencor. Os hemos perdonado. Los perros somos así, por eso, los humanos, deberíais aprender de nosotros.

Regina, sé feliz en el Arco Iris, nosotros te recordaremos por siempre.

Gracias Regina, por haber existido.

Te envía muchos lametones.

Elliot.

Teke y Dune

Este es un mensaje de agradecimiento que Cristina, la dueña de Teke y Dune nos manda:

Teke y Dune

Escribo estas letras para dar las gracias de todo corazòn,  a los dos “GILIPOLLAS” que abandonaron a sus perros, pues gracias a ellos, ahora estàn conmigo.

Teke es la serenidad, la calma; mi sueño cumplido.

Dune es una brisa fresca; la dulzura.

Ahora son mis compañeros, y todo gracias a esos “INDESEABLES”, que me han dado tanto.

Ya nada màs, solo desearles ( como habrìa dicho mi madre, si pudiera):

!!QUE DIOS OS LO PAGUE.!!

Teke

A Teke lo encontró el hermano de su actual dueña, Cristina, vagando por las calles junto a otros perros.

Al principio, y debido a su cambio de vida (pasar de ser abandonado, a ser querido y tener un hogar), al principio era bastante gruñón. Tiene mucho carácter, cómo todos los Teckels, pero su dueña se está esforzando no solo en hacerle feliz, si no en educarlo. Y lo está consiguiendo. Teke es un tesoro de perro que un día tuvo muy mala suerte, y fue abandonado.

Por fortuna, Cristina se cruzó en su camino y lo adoptó, y hoy en día, ambos no pueden estar más orgullosos y felices por lo que la vida les ha ofrecido.

Dune

A Dune la encontraron junto a sus siete cachorritos recién nacidos. La protectora de Lucena se hizo cargo y estuvo de acogida en una nave junto a sus pequeños. La difundieron hasta que tuvo la suerte de topar con Cristina, quien recibió un e-mail en el que se enteraba de la situación de esta pequeña perla y no lo dudó ni un momento. Tenía que darle el hogar que no había tenido.

Uno a uno, sus cachorritos fueron saliendo en adopción y, mientras tanto, Cristina esperaba el momento de llevarse a Dune a casa. Y cuando tan solo faltaba un cachorrito por adoptar, Cristina se las llevó a ella y a su cachorrita, hasta que pudiesen llevar a la pequeña a casa de sus adoptantes, en Alemania, donde ya tiene su hogar y es feliz.

Dune ha sufrido mucho, se sospecha que no es el primer parto que ha vivido, y, al menos en este, sacó a sus siete cachorritos (¡Siete! ¡Y es un teckel!) adelante. Ahora es feliz junto a Cristina, Kiko y Teke, con quienes vive desde semana santa y, ahora sí, para toda la vida.

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¿Quieres contar tu historia, o la de tus perros? ¿Hacer una denuncia? No te lo pienses más, mándanos tu queja, tu historia, tu denuncia, tu artículo, lo que quieras, y nosotros te lo publicamos con tu nombre.

En Málaga Perruna, tú, eres el que cuenta.

Elige bien tu regalo

Se acercan fechas señaladas en las que todo ser humano desea mostrarle su cariño a sus seres más allegados. Aunque esta noble acción se debería hacer patente día a día, todos aprovechamos estas idílicas y mágicas fechas para sacar lo mejor de nosotros mismos, y cargamos nuestros bolsillos de buenas intenciones y nuestra casa de regalos que cumplan las ilusiones de los demás.

Pero a veces no sirven solo las buenas intenciones, y una obra hecha desde el cariño puede hacer sufrir a seres indefensos.

Se acerca la navidad, y como cada año, querremos ver cumplidos los deseos de nuestros hijos, sobrinos, nietos, que con afán e ilusión piden sin cesar vivir la experiencia y compartir su infancia con un tierno cachorrito, con un inquieto pajarito, o cualquier otro ser vivo.

Pero no debemos equivocarnos, estos regalos siempre traen sorpresas, y al mismo tiempo que endulzan la vida de cualquier ser humano y alegra el hogar en que vivimos, tenemos junto a nosotros un SER VIVO, que como cualquier otro, tiene necesidades, derechos y deberes.

Debemos tener presente que ese tierno cachorrito necesita aprender, necesita conocer mundo del que no tenga nada que temer, necesita relacionarse con los suyos para saber comunicarse, necesita conocer otros seres humanos para saber cómo congeniar con ellos y cuales son las leyes que rigen el buen comportamiento del que no lo es.

Necesita cariño, orden en su vida y que alguien más fuerte que él cuide de su salud y se preocupe por él.

Si alguien te pide un perro de regalo, pregúntale y pregúntate; ¿de verdad estás preparado para asumir la responsabilidad de tener un perro? ¿Puedo ofrecerle los cuidados que necesita; un cobijo donde se sienta cómodo, comida que lo llene de salud, los cuidados veterinarios necesarios, tiempo que dedicarle para enseñarle, para acompañarle en sus necesarios paseos?

Si la respuesta es sí, adelante, pero párate un segundo, visita cualquier sociedad protectora de animales, prepárate a conocer historias como la tuya que no tuvieron buen fin. Conoce perros que fueron la pasajera ilusión de un niño, o de un ser humano cualqueira, y obsérvalo ahora buscando un hogar con ojos tristones, echando de menos el caliente hogar que una vez disfrutó y que alguien le quiso arrebatar por haberse hecho más grande de lo que alguien pensó, por no haber aprendido con rapidez donde hacer sus necesidades, por que nadie se preocupó de educarle, en definitiva, porque alguien no valoró la responsabilidad de tener perro antes de adquirirlo, ni tampoco el cariño y la fidelidad del perro que está tras la reja.

Y ten en cuenta otra cosa, un niño, por mucho que adore a los animales, no tiene la responsabilidad suficiente para hacerse cargo de un ser vivo al 100%, si esa es la condición para tener el perro, olvídalo y cómprale uno de peluche, porque con la felicidad de un ser vivo, nadie debe jugar.

Estas navidades, elige bien tu regalo y que éste no dañe la dignidad ni la vida de un perro.

Felices fiestas.

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¿Quieres contarnos tu historia? ¿Tu perro fue el regalo de navidad que terminó en una protectora y quiere contarlo a los cuatro vientos?

Si tienes algo que contarnos, cuéntanoslo en el correo malagaperruna@hotmail.com, y nosotros te lo publicamos para que tu experiencia sirva a otras personas.

¡Participa!

Podría ser mejor

En el pueblo valenciano Alzira, existe un lugar destinado al esparcimiento de las mascotas que, si bien no es gran cosa, podría estar a medio camino entre el pipican sucio y poco espacioso y la idea de parque canino.

A continuación, les mostraremos una pequeña muestra de lo que allí se sigue denominando pipican, pero que, por el espacio (que permite a los perros al menos, echarse unas carreras, eso sí, sorteando los obstáculos que suponen los árboles) es algo más que un lugar donde los perros puedan hacer sus necesidades.

Tiene muchísimas deficiencias, pero es una pequeña muestra de que teniendo un pequeño lugar dentro de un gran parque, con unas cuantas vallas, puertas y un poquito de voluntad, aquí, en Málaga, también podemos tener zonas acotadas en los espacios verdes de la ciudad.

Aún así, y como decíamos, esta pequeña muestra sigue teniendo muchas deficiencias, el suelo es de tierra (cuando llueve se forman charcos, barro, y es mucho más sucio y antihigiénico), no hay un solo banco donde sentarse, ni fuentes, y los árboles son más un obstáculo que otra cosa.

Este espacio se puede mejorar, pero para eso, antes hay que tener uno y los necesitamos. En este pueblo el número de habitantes es un poco más de 40.000, en Málaga, son más de 60.000 los perros censados.

Lo merecemos y lo necesitamos.

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Iniciativa Placa Azul contra el abandono

A pesar que nuestras iniciativas están debidamente encaminadas hacia un objetivo, no podemos negar que el apoyo a otras iniciativas propuestas por cualquier colectivo suscita nuestro interés.

Como amantes de los animales, no debemos ignorar otras iniciativas que busquen los derechos de nuestros perros y su bienestar en beneficio de nuestros objetivos. Centrarnos en una única pretensión no borrará el hecho de que son muchas más las necesidades y derechos de nuestros animales. Por eso, también desde Málaga Perruna, queremos apoyar y hacernos eco de otras iniciativas, de propuestas, apoyar a todos aquellos que, como nosotros, persiguen conseguir más derechos para nuestros animales y poder protegerlos.

En este caso, vamos a hacernos eco de una proposición que nos ha llegado por e-mail que persigue la concienciación y protección de los animales contra el abandono. En este caso, ofrecen un regalo, una placa azul, que simbolizan las responsabilidades y obligaciones con respecto de nuestros perros, que simbolizan nuestro compromiso a no abandonar a nuestro animal.

Para entenderlo de forma más precisa, adjunto a continuación las preguntas y respuestas básicas sobre qué es ser placa azul.

¿Qué es Placa Azul?

La Placa Azul es una inicativa contra el abandono de mascotas. Su objetivo es que todas las mascotas lleven una Placa Azul identificativa y reivindicativa durante el verano de 2009.

¿Qué significa la Placa Azul?

La mascota que luce la Placa Azul denuncia el abandono de sus semejantes, y declara públicamente que su dueño no la puede abandonar. ¿Qué hay que hacer para conseguir la Placa Azul?

Registrarse. Nada más.

¿Cuánto cuesta la Placa Azul?

Nada. La Placa Azul y sus gastos de envío son completamente gratúitos.

¿Quién puede pedir la Placa Azul?

Todo el mundo. La Placa Azul es una iniciativa abierta a mascoteros y simpatizantes que crean que el abandono se debe y se puede erradicar.

¿Existe el abandono de animales en España?

Existe. Más de 150.000 abandonos anuales. Es una de las principales lacras de una sociedad desarrollada. Con la iniciativa Placa Azul pondremos todos los medios a nuestro alcance para llegar a un abandono cero.

¿Qué hay que hacer para ser placa azul? Simplemente registrarte, y ellos mismos te mandarán la placa azul a tu casa. Y si quieres saber más, echa un vistazo a la web, donde podrás conocer todo lo relativo a esta iniciativa, así como consejos y otros tipos de informaciones.

No te lo pierdas.

MAÑANA VIERNES 7º PASEO QUE NO SE LO PIERDA NADIE

 LEI ESTO EL OTRO DIO Y LO ENCONTRE PRECIOSO:

Viejo, sordo, incontinente

ELVIRA LINDO  21/06/2009 

 Mi perro es bastante viejo. Casi dieciséis años. Hace casi dieciséis años iba yo zascandileando por Chueca cuando vi en la jaulilla de una pajarería un yorkie diminuto, más parecido a un murciélago que a un perro. Lo compré. Yo no sabía mucho de perros hasta entonces. Ahora sé casi todo. Tras años de estrechísima convivencia (me ha seguido con admiración en todas mis actividades diarias, sin exclusión) casi me atrevo a decir que nadie me ha querido tanto como él. No hay cariño de un hombre que se ponga a la altura de semejante enamoramiento.

Algunos lectores, cuando ven un artículo de animales, pasan la página. Es una aspereza típicamente española

Hay algo tan digno en su vejez, esa capacidad para convertir las limitaciones físicas en placidez contemplativa

Las visitas han sido testigos de la fascinación que el pequeño murciélago ha sentido siempre por mí. Me sentaba a comer y me miraba desde abajo como diciendo, “mírala, qué bien mastica”. Me echaba la siesta y él se la echaba conmigo; debía de presentir el momento en que yo iba a abrir los ojos porque, cuando me despertaba, lo primero que encontraba eran los ojos negros bajo el flequillo perlado. Tampoco me quitaba ojo mientras escribía columnas, novelas, guiones, “no hay otra como ella -parecía pensar-, algún día, este país le dará el lugar que le corresponde: el Parnaso”. Sé que hay lectores que considerarán pueril mi relato. Lo asumo. Si Hitchcock abominaba de rodajes con perros y niños, también hay lectores que en cuanto ven que un artículo se llena de animales, pasan la página. Que la pasen. Es una aspereza típicamente española. Ésa es una buena razón para hojear de vez en cuando la prensa internacional. El otro día, en The Washington Post, venía un extracto conmovedor de Old Dogs, de Gene Wengarten y Michael S. Williamson, un ensayo sobre la experiencia de convivir con perros viejos. Uno de los autores recuerda con nitidez el día en que sintió que su perro comenzó a envejecer. Yo también lo tengo fechado: mi perro se hizo viejo el primer invierno que pasó en Nueva York. En otoño, la ciudad le volvió loco. En contraste con los educadísimos perros neoyorquinos, el mío, iba cruzándose de lado a lado de la acera, queriendo atrapar todos esos olores a mierda de las alcantarillas, a flores de los coreanos, a esas bolsas enormes de comida que tiran por la noche y en la que, si te fijas con atención, ves moverse a las ratas por debajo del plástico negro. Pero llegó el frío hiriente, ese que te quema la cara y te agarrota las manos, y el pobre empezó a andar de puntillas como un Chiquito de la Calzada a cuatro patas. Sucumbí ante eso que hasta hacía un año me parecía una bobada anglosajona: el abriguito. Y es que un perro de Chueca no estaba hecho para esos hielos. Tampoco para los calores agosteños. Recuerdo una mañana ardiente de verano, tras hacerle andar cinco kilómetros por la avenida Madison, que el pobre se me desparramó en el charco de agua que se forma bajo los quioscos de flores y ya no hubo manera de que anduviera. Me lo llevé a casa en brazos con la pelambre chorreando. Ay, esos mis primeros tiempos de soledad. Él provocaba que me saludaran los niños y las viejas. Alguna vez que nos ausentamos de la ciudad, vivió en casa del escultor Leiro y se convirtió en un personajillo querido y célebre entre los vecinos de aquella zona de Tribeca. Sí, yo presentía que se estaba haciendo viejo. Al principio fue un cambio sutil. De joven, había sido como ese chihuahua argentino del chiste que vive en Alemania y le dice a otro perro, “yo en mi país era un dóberman”. Él siempre se había considerado un dóberman. Era mi perro de defensa, no es broma. En cuanto llegaba alguien a casa esos cinco kilos se enredaban entre las piernas de la visita, que se quedaba atónita, aturdida. Pero ese espíritu chulesco se fue aplacando; a esta nueva paz contribuyeron la ceguera y la sordera. Pero en vez de reaccionar con frustración y tristeza, como haría un ser humano, mi perro viejo fue optando por la tranquilidad de espíritu. Ahora, no me cabe duda, es un sabio. En verano encuentra el rincón más fresco, en invierno el rayo de sol más sabroso; no tiene prisa por levantarse, si tú te levantas a las doce él se levanta a las doce, si tú te levantas a las ocho él se levanta también a las doce; ya no quiere alejarse más de cien metros de casa, cuando llega a la esquina, se da media vuelta y da por finalizado el paseo; prefiere dar paseíllos por el patio, como si fuera un jardinero experto, disfrutando del olor de cada hoja; y si se mea (lo que ocurre con cierta frecuencia) ya no corre a esconderse bajo el sofá con miedo a ser castigado. Cuando te ve acercarte con la fregona, te mira como diciendo, “tengo derecho a mearme, soy un viejo incontinente”. Un amigo me dijo un día, “me encantan los perros, pero no los tengo porque su ciclo de vida es demasiado corto”. Es cierto. Pero hay algo tan digno en su vejez, esa capacidad para convertir las limitaciones físicas en placidez contemplativa, que su actitud se convierte en una lección diaria. Cierto es que a veces echo de menos esa adoración sin límites que le hacía mover la cola sólo por el hecho de que yo le mirara. Hemos cambiado los papeles, ahora soy yo quien de vez en cuando se acerca a su cojín. Le miró esos ojos como canicas que miran sin ver y le digo, “cuánto te admiro”. Y él ronronea, entiende mi admiración. Es un viejo con la autoestima por las nubes.