El delito de tener perro.

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Once menos cuarto de la mañana de un domingo cualquiera en la Playa Canina de Torre del Mar.

Una familia visita la playa con sus tres perros pequeños dispuestos a pasar un agradable día de playa junto a sus tres amigos, a los que les encanta jugar en la arena y bañarse, además a uno de ellos le viene fenomenal para fortalecer sus patas que tiene regular debido a una lesión.

Cuando consiguen llegar, porque el GPS les ha llevado por un sitio extraño de difícil acceso, se encuentran una excavadora en la mitad de la playa, así que en prevención de accidentes ellos se ponen en un lateral. No saben que han cometido el gravísimo error de ponerse fuera del perímetro de la playa canina.

Al poco rato, aparecen los de Salvamento Marítimo y les dicen que ahí no pueden estar. Educadamente les responden que no sabían que eso no era la playa de perros y que en cuánto la excavadora se fuera, se pondrían dentro de la playa. Los agentes asienten. “De acuerdo, muy bien”

La playa está a rebosar de gente (claro, es domingo por la mañana).

En la misma playa, un hombre permanece tumbado a pleno sol, con pinta de no estar en buenas condiciones.Iban a llamar a la policía para que atendieran a éste hombre justo tras recoger las deposiciones de una de sus perritas, mientras tanto la excavadora casi atropella a uno de los perros de ésta familia mientras daba marcha atrás.

Llega el policía y le da la vuelta al señor que está tumbado al sol, y a continuación se dirige hacia ésta familia para recriminarle que no están en la playa de perros si no a 5 centímetros de ella.

Le indican que está la excavadora y que ya casi ha atropellado a uno de sus perros mientras recogían las deposiciones de la otra perrita y el agente, con muy “buena educación” les dice que le da igual que esté la excavadora, y que no pueden estar ahí, que les va a multar como insistan, incluso les pide el DNI.

El hombre sigue tumbado a pleno sol. Y así estuvo hasta que ésta familia y otras familias que había por allí le llevaron una sombrilla para que tuviera algo de sombra, al menos, mientras llegaba la ambulancia (que tardó una hora).

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El día de playa terminó sin más altercados, pero ese mismo día por la tarde/noche, ésta familia acude al parque canino con sus perrillos. El parque cierra a las 12 de la noche y un empleado del ayuntamiento es quien acude a cerrarlo. Los vecinos del parque, que todos se conocen y son amigos, suelen quedarse hasta que éste empleado aparece para irse. Un ritual que a nadie le resultará extraño.

Pero ésta noche, el empleado se ha retrasado 10 minutos para cerrar el parque. Mientras esperan que llegue éste señor, ellos disfrutan un poco de la brisa y el fresco nocturno que tanto buscamos en verano y los perrillos también lo disfrutan, de forma muy tranquila y sin ladridos. Todos los perritos se conocen, y ya han jugado durante la tarde así que ahora están cerca de sus dueños disfrutando del fresco sin más.

Aparece al fondo de la calle la policía que se acerca hasta la puerta del parque. “Ustedes, fuera del parque que ya ha cerrado el parque”.

Los vecinos le explican que estaban esperando a que llegase el señor que cierra el parque y que por eso están ahí, pero sin dilación, se disponen a salir del parque ante la petición de la policía, que se espera en su coche vigilándolos hasta que estuvieron lo suficientemente lejos del parque, fuera a ser que tuvieron la intención de volver.

Algún vecino ha denunciado porque “hay mucho ruido” (¿recuerdan aquello que dije que era una noche tranquila y los perros no ladraban?).

Enfrente de éste mismo parque, en un parque infantil, se oyen agudos gritos de diversión. Los niños del barrio juegan despreocupados en sus columpios y pasan un buen rato aprovechando el frescor de la noche. ¿Qué hay más maravilloso que unos vecinos disfrutando inocentemente de las vacaciones? Y así quedan hasta más de la 1 de la madrugada, jugando, riendo, gritando y disfrutando de la noche, mientras los peligrosos delincuentes dueños de perros vuelven a casa “con el rabo entre las patas” entre ojos que vigilan que no se les ocurra disfrutar de una noche de verano en compañía de otros vecinos.

Los demás, los de los botellones, las navajas y los robos… con esos no pasa nada. El verdadero delincuente es el que decide convivir con un leal y noble ser vivo que solo sabe decir guau

 

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La ayuda mal entendida

Fue la noticia más destacada de la semana pasada. Muchos políticos la celebraron por todo lo alto, especialmente los de Ciudadanos que fueron los que hicieron la propuesta. 

La adopción en el Centro Zoosanitario de la ciudad será gratuita.

Consuela saber que, a pesar de la gratuidad, los perros saldrán vacunados, identificados, esterilizados y con su prueba de ADN hecha. Lo que ya no consuela es que ese gasto lo asumirá el Ayuntamiento, es decir, en realidad nosotros, los ciudadanos, con nuestros impuestos.

Con ésta medida, dicen, se fomentará la adopción y se perseguirá al fin el tan ansiado sacrificio 0.

Hubiera estado muy bien que, igual que otros grupos políticos en años anteriores, a Ciudadanos se le hubiera ocurrido la idea de contactar previamente con asociaciones que llevan muchos años dedicados al rescate y adopción de animales y con las asociaciones que más conocemos lo que significa adoptar y vivir con un perro, las asociaciones animalistas de la ciudad, entre las que nos encontramos.

Pero la realidad es que no ha sido así y ahora se saca adelante una ley con la que todas las asociaciones estamos en contra.

Y lo estamos no por hechos infundados, si no porque por desgracia, llevamos muchos años conociendo adoptantes y conociendo personas que abandonan. Podríamos contar mil y una historias de devoluciones, de esfuerzo emocional y sí, de mucho mucho esfuerzo económico para sacar adelante a un animal, y del esfuerzo de conseguirle una familia apropiada y responsable.

Y éste es, quizá, el mayor problema de ésta propuesta. Que se deja de lado la responsabilidad para facilitar la salida indiscriminada de los animales de la perrera. Esto segundo está muy bien, hay que fomentar la adopción, hay que vaciar esa perrera, hay que impedir que la mitad de los perros que entran en ese centro acaben sacrificados, pero lo que hay que impedir es que se vuelva a llenar y, según nuestra experiencia, la gratuidad puede producir exactamente lo contrario.

La adopción debe ser siempre meditada y pausada, no debe ser nunca impulsiva. Y cuando tienes que pagar por ella (o más bien, por los servicios prestados, como el microchip, las vacunas o la esterilización), cuando tienes que pasar entrevistas, te lo planteas con más calma. Porque te planteas el desembolso que vas a tener que hacer, en si tu casa será adecuada para ese animal en concreto, en si serás capaz de cubrir todas sus necesidades, entre ellas la de la salud, que supone un gasto importante.

¿Y qué pasará cuando, al saber de ésta gratuidad, muchas familias se lancen impulsivamente a sacar a un perrito para el cumpleaños de su hijo? Ya que es gratis…
¿Qué pasará cuando una persona que ya tiene demasiados animales, saque otro porque… pobrecito y no lo pueda mantener? No sería la primera vez que se le requisan animales a una persona con síndrome de Noe. 
¿Qué pasará con esos cazadores que llevan a su perro a la perrera? ¿Sacarán otro cambiándolo por el suyo como si fuera un cromo?

Todo no vale para poder vaciar esa perrera. Y por desgracia tenemos muchas historias que corroboran que no se valora lo mismo una adopción que un regalo. Y eso es lo que nuestra ciudad va a hacer con esos animales, regalarlos.

¿Y la protectora? Ahora tendrá que enfrentarse con la mala costumbre de algunos que le espetarán que “ahí arriba en la perrera no me cobran”. ¿No tienen derecho esos 900 animales a tener una adopción?
Porque no, la protectora no te vende a tu perrito, no te cobra por gusto. Cada perro cuesta un dinero importante, y es dinero que nunca vuelve. Cuando un perrito llega atropellado y se le opera una pata rota, ese dinero nunca lo percibe de vuelta, porque lo que ellos te cobran no es más que un servicio veterinario, una garantía de que ese perro está sano y con todo en regla. Su identificación, sus vacunas, su esterilización, bien alimentado y con su salud correctamente, ya que no es una ni dos las revisiones que se les hacen a los perros que allí mantienen.
Es una manera horrenda de enmendarle la plana a la protectora que con su esfuerzo mantiene a esos animales abandonados durante todas sus vidas o hasta que encuentran un hogar.

Y bien, habrá familias que adopten de forma responsable aprovechando la gratuidad, pero… ¿y los años que siguen? Porque las vacunas son anuales, las desparasitaciones trimestrales y… ¿si se pone enfermo? Necesitará un veterinario. Y si se pone enfermo en mitad de la noche, necesitará ir a urgencias con el dispendio que eso conlleva.
Una manera más de menospreciar la labor y vocación de veterinarios. Porque no, señores, vacunar no es solo dar un pinchacito, es revisar al animal para comprobar que está en óptimo estado de recibir esa vacuna. Es algo mucho más complicado, ¿o acaso creen los señores de Ciudadanos que un veterinario estudia durante años solo para poner vacunas y pinchacitos? Quizá podrían, como hemos dicho, informarse un poco.
Esto es lo que fomentará la gratuidad, la adopción impulsiva que no valorará que un perro cuesta dinero, no solo el de una adopción, si no para toda su vida.

No, desgraciadamente, lo gratuito no se valora igual y cuando hablamos de vidas puede ser muy muy peligroso.
Ojalá nos equivoquemos, pero la experiencia nos dice que no, que esa perrera no se vaciará, si no que muchos de esos perros adoptados impulsivamente darán de nuevo con sus huesos en la perrera. Y que se seguirá llenando.

Ésta NO es la manera de conseguir sacrificio 0.

La esterilización. Una cuestión moral.

 

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Mami (una podenca rescatada de la perrera en estado de gestación) con sus cachorros.

Mucho se ha hablado, discutido y debatido sobre la castración en nuestros animales de compañía y se sigue haciendo si echamos una mirada a comentarios, escritos y publicaciones diversas en blogs personales o en las redes sociales.

Cuando se habla de castración suele aludirse a múltiples beneficios para la salud de nuestros perros y gatos e incluso a mejoras en su comportamiento.

De ésto, podréis encontrar información diversa aunque es necesario consultar con un veterinario o un etólogo que podrá daros más detalles.

 

Pero la razón más importante, la que verdaderamente justifica la importancia de la esterilización en nuestros animales de compañía es el control de natalidad para prevenir el abandono.

Leído así parece que no tiene mucho que ver, pero la realidad es muy distinta.

En España se abandona un perro o un gato cada 5 minutos. Por ejemplo en 2015, según los últimos estudios de la Fundación Affinity se abandonaron 137000 animales. Sólo en 2015.

Animales que dieron con sus huesos en la calle, bajo las ruedas de los coches, en las perreras con un reloj indicando cuántos días le quedaban de vida, o los más afortunados en las saturadísimas protectoras y refugios.

Y mientras esto ocurre, en el mismo país, cientos y cientos de cachorros nacen. Unos en la calle, hijos de madres y padres abandonados que seguirán criando mientras permanezcan allí. Otros, fruto de la irresponsabilidad de dueños. Irresponsables quienes les hacen criar conscientemente y que desconocen, o simplemente, no les importa la situación de sobrepoblación que tenemos. Y otros, irresponsables por creer que pueden controlar la natalidad de su perro hasta que un día se escapa y queda embarazada o embaraza a una perra. Con los gatos, la situación no es mucho mejor, puesto que la mayoría de ellos acaban en la calle gracias a la falsa idea de que “se adaptan” a ella y sobreviven, desconociendo que la mayoría de ellos muere atropellado, infectado con cualquier infección y de otras maneras igual o aún más horribles.

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Rubi, una podenca rescatada junto a sus 11 cachorros.

Según el estudio de la Fundación Affinity, en 2015 el 15% de los animales abandonados fueron fruto de camadas indeseadas.

Eso, sin dejar de olvidar, que cada cachorro nacido de la cría particular está impidiendo que un perro de una perrera o protectora pueda encontrar un hogar.

Sólo en la Protectora de Málaga se recogieron durante 2016 casi 2000 animales abandonados. Y es en la misma protectora donde dan fe de la masificación a la que se enfrentan cada día, con más del doble de perros de los que pueden hospedar. Situación que ha desencadenado en más de una desgracia, como algún perro fallecido atacado. La falta de espacio sólo produce estrés y problemas.

Pero la gente sigue criando y llevándoles animales abandonados.

La situación en el Centro Zoosanitario no es mucho más alentadora. Sólo el año pasado 1473 perros ingresaron en la perrera (1047 entregados por sus propietario, y 426 recogidos de la vía pública). De esos animales, casi la mitad fueron sacrificados cuando se les acabó el tiempo. Y eso que los sacrificios, según los últimos datos, han disminuido un 50% gracias, sobretodo, al trabajo que Perros de Málaga y sus voluntarios están realizando día a día.

La primera medida para controlar toda esta terrible situación no es otra que esterilizar a nuestros animales principalmente para evitar accidentes. Todos creemos ser responsables y creemos poder evitar que nuestra perrita no quede embarazada o nuestro perrito no deje embarazada a otra perrita, hasta que se nos escapa y luego, todo son lamentos.

Aparte de otros beneficios mencionados y la tranquilidad que nos aporta no tener que evitar lugares con perros porque nuestra perrita está con el celo, no tener a nuestro perro estresado y con ansiedad cuando huele una hembra en celo (y en los casos más exagerados, sin necesidad de celo), el mayor beneficio es el social, el que le estaremos ofreciendo a nuestro país, y a los miles de perros que esperan en protectoras y perreras.

Quizá esterilizar a tu animal, está salvando la vida de otro en una perrera.

Esterilizar es, en resumen, la única opción moral y una de las formas más activas de luchar contra el abandono y la sobrepoblación de animales que sufrimos en nuestro país.

Fuentes y artículos de interés:

Beneficios de esterilizar (por FAADA)

Para qué sirve la castración en perros y gatos (Etolia)

Video Estudio de Abandono y Adopción 2016 (Fundación Affinity)

Las eutanasias de perros en el Centro Zoosanitario disminuyen un 50% (Diario Sur)

La protectora de Málaga recogió 2000 animales en 2016 (La Opinión de Málaga)

 

 

Nosotros cumplimos… ¿y la Administración Pública? Sobre el Microchip…

¿Cumple tanto como cumplimos nosotros? Al menos algunas veces, las historias nos hacen dudar un poco de si es recíproco lo que recibimos a cambio de lo que estamos obligados a ofrecer como ciudadanos cívicos que decidimos vivir con un amigo animal en nuestra familia.

En éste caso, hablamos del Microchip, ese pequeño aparatito que es insertado en el cuello de nuestros perros, gatos y hurones a los 3 meses de edad y en el cual figuran nuestros datos personales.

El microchip es obligatorio y es el método utilizado en toda España para que cada comunidad autónoma pueda saber el dueño de ese animal, y si cumple con sus obligaciones establecidas en cuánto a vacunas, enfermedades, etc.

Sus utilidades son diversas, pero por poner varios ejemplos, si nuestro animal causa un accidente y, al leerle el microchip, salen tus datos, te pueden denunciar…
O para el ejemplo que más nos interesa, si nuestro amigo se pierde y alguien lo encuentra, con sólo llevarlo a un veterinario y pasarle el lector, su vuelta a casa estará más cerca que nunca.
Sería una manera fantástica de identificar al que abandona (aunque esos, por desgracia para sus animales, no suelen ponerles el microchip…).

Pero… ¡ay! ¡Qué útil sería si realmente se utilizara como se debe! Y no es así, y no es sólo por parte de los propietarios. También la Administración podría entonar el mea culpa de su mala utilización por pura desidia.

Hace aproximadamente un mes apareció un perrito recién atropellado al que asistió la policía. A pesar de que deberían llevar un lector de microchip (y tendrían obligatoriamente que llevarlo), no tenían, así que tras fallecer el animal a causa del atropello a los pocos instantes, procedieron a llamar a Limasa para que recogiese el cadáver. Así, sin más, sin saber si ese perro tenía familia.

Y efectivamente la tenía, y andaban como locos buscando a su perro perdido, esperando y soñando con su vuelta a casa.

Gracias a las redes sociales, ésta familia pudo saber que ya no debían buscar, y pudo descansar de la angustia que supone para cualquiera que un miembro de su familia esté perdido. Quizá esos policías no entienden que hay algo peor que despedirse para siempre de un miembro de su familia, y es no saber dónde está, si está vivo o muerto, si está bien o está mal.

Si hubiera sido por la policía que atendió al perrito, ésta familia seguiría angustiada buscando a su compañero.

No es el primer caso en el que, a pesar de que los dueños cumplen todas las leyes que nos son de obligado cumplimiento, éstas no repercuten en nosotros de la misma manera.

Hace bastante más tiempo del caso anterior, llegó un perrito a una perrera de un pueblo de la costa del sol muy cercano a Málaga. El perrito fue sacrificado sin esperar un tiempo oportuno por si alguien lo reclamaba, y por supuesto a nadie se le ocurrió pasarle un lector de microchip. El resultado; una familia desesperada buscando a su perrito perdido ve una foto en Facebook para enterarse de que, a pesar de llevar el obligatorio microchip, su perrito acabó muerto cuando podría haber vuelto a casa sano y salvo.

¿Qué está pasando? ¿Cómo la desidia puede llegar a éstos extremos? ¿Es que no hay una pizca de sensibilidad en nuestras instituciones? ¿Es que el microchip sólo sirve para denunciarnos? Señores políticos, todos ustedes, señores del Ayuntamiento, de la Diputación, de la Junta de Andalucía… ¿pueden respondernos para qué sirve el microchip mientras nuestros compañeros mueren injustamente por que las perreras o los policías no tienen lector o no les da la gana hacer el gran esfuerzo de utilizarlo? Exigimos que esto cambie, que no más familias pierdan a sus compañeros por la desidia de otros. Exigimos saber qué ocurre con nuestros animales perdidos, si están vivos, o no, si aún tenemos la esperanza de encontrarlos o por el contrario debemos pasar página.

Nosotros cumplimos con nuestra obligación, cumplan ustedes con la suya. Sea como sea, respondan y cumplan con su obligación.

Controlar la salud de nuestro perro. Una cuestión de vital importancia.

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A veces el más pequeño detalle marca la diferencia. Reconocer un síntoma en un perro sólo indica que hay que visitar al veterinario

Para nosotros, la salud de nuestro compañero es fundamental y procuramos mantenerlo limpio, cuidado, vacunado, identificado y lo más protegido posible.

Nuestro afán como buenos “dueños” es ofrecerles lo mejor. Nos gusta saber que están bien alimentados, bien cuidados y paseados, que disfruten y que estén sanos.

Por ello, es importante saber detectar cualquier muestra que nos dé nuestro amigo para indicarnos que no se encuentra bien. Y ésto a veces no es nada fácil.

No es tan solo el hecho de que no hablen sino que en muchas ocasiones los síntomas son poco destacables o el perro no lo muestra claramente. Y eso dificulta muchas veces el reconocer cuando es hora de visitar a su veterinario.

Por ello, queremos daros algunos consejos de forma que todos sepamos detectar cuando conviene que revisen la salud de nuestro perro.

Hay síntomas que se hacen bastante evidentes ya que implican un comportamiento que surge “de forma espontánea” a nivel conductual; arrastrar el ano por el suelo de forma repetida, rascarse los ojos con las patas, andar encorvado, cojear, rascarse la oreja o rascarse compulsivamente… comportamientos que no muestran de forma habitual y que aparecen de pronto y se repiten con más o menos frecuencia o que aumentan su frecuencia con los días.

En otros casos no implica una conducta asociada a ellos pero son visibles; una herida, sangrado, salida excesiva de mucosidades (legañas, cera, saliva…)

Pero en otros casos podemos confundirlo fácilmente con un problema de conducta, lo que parece encubrir algo más que simplemente “tener mal carácter” o ser “muy tranquilo”. Los perros pueden llegar a gruñir y morder por puro dolor, y lo que interpretamos como un genio “cascarrabias” está enmascarando un problema de salud que puede ser bastante más grave de lo esperado.

Así que, ¿cómo saberlo? ¿Cómo saber si mi perro es así de tranquilo o le ocurre algo?
A veces el más pequeño detalle marca la diferencia. Si el perro es tranquilo en casa pero sale a la calle contento es distinto a cuando el perro está tranquilo en casa, pero no quiere salir, no se quiere mover y “parece autista”, o en cambio, gruñe y enseña los dientes cuando te acercas o le tocas.

Hay algunas formas de saber en casa si hay algún síntoma raro que nos indique que pasa algo, eso no significa que determinemos que al perro le pasa X o que le demos la primera pastilla que se nos ocurra. Nunca jamás debemos automedicar a los perros pues podemos estar causándole un problema aún mayor. Reconocer un síntoma en un perro sólo indica que hay que visitar al veterinario para que le haga las pruebas oportunas, lo diagnostique y lo trate.

A continuación enumeramos algunos de los que podemos detectar desde casa y que requerirán ser consultados con el especialista en medicina animal.

  • Cambios de coloración en la piel. Pueden ser indicativos de patologías moderadas y graves. Hematomas, coloración de las mucosas (las encías o los ojos). Se detectan fácilmente a la vista aunque pueden encontrarse en zonas recónditas de la piel o incluso tapadas por el pelo.
  • Obesidad o excesiva delgadez. A veces no sólo la alimentación influye en el estado físico y el peso de nuestro perro. Un perro delgado puede ser un síntoma de que está mal alimentado, pero también de la existencia de una patología de mayor o menor gravedad. Algo similar ocurre con el exceso de kgs, a veces no es sólo síntoma de estar sobrealimentado o hacer poco ejercicio. Si a pesar de que lo intentas con alimentación para adelgazar o mucho ejercicio, si no le encuentras explicación a que esté “gordito” pregunta a tu veterinario, porque podría tener alguna enfermedad.
  • Calvas, pérdida excesiva de pelo, pobreza en el pelo, úlceras de piel… Son síntomas bastante obvios y supestamente fáciles de ver y son indicativos de que algo ocurre con la salud de nuestro perro. No hagas caso de las experiencias de la gente cuando te dicen que eso es porque le falta ésto o lo otro o que es seguro X enfermedad porque su perro tenía esa misma calva/herida. Hay muchas enfermedades que producen problemas de piel y sólo el veterinario es capaz de distinguirlas mediante determinadas pruebas clínicas.
  • Diarreas y/o vómitos. Una diarrea esporádica y/o un vómito puntual pueden ser simplemente eso, esporádicos. Pero si es algo que se repite… tu perro puede estar padeciendo alguna enfermedad que pueda incluso llegar a ser contagiosa. No te conformes con hacerle “dieta blanda” hasta que se le pase. Los síntomas no aparecen de la nada, y si ya son varios días haciendo diarrea, quizá es más serio que el socorrido “ha comido algo que le ha sentado mal”. Si además se presentan los dos a la vez… mal asunto. Acude a tu veterinario de inmediato.
  • Falta de apetito o apetito voraz. Ya sabemos que los perros son casi todos unos glotones que se lo comen todo, y algunos pocos son exquisitos para comer, pero pocos se resisten a una rica chuche. Si tu perro no quiere comer, ni siquiera su comida favorita, y si además detectas otras cosas raras… le ocurre algo. Y al contrario, por extraño que parezca, también. Si tu perro nunca tiene fin y se comería el mundo entero de una tacada, a lo mejor no es solo un glotón y tiene un problema subyacente.
  • Beber mucho, orinar mucho. Todo lo que implique exceso es síntoma de algo al menos en cuanto a la ingesta de agua o a la hora de orinar. Y es de las cosas que más te preguntarán los veterinarios cuando acudes a ellos por algún problema de salud. Cuando hablamos de mucho, hablamos de MUCHO, un exceso que suele ser bastante llamativo.
  • Cambios en la temperatura corporal. Es difícil distinguir a simple vista (o simple tacto) que un perro tiene fiebre. En algunos perros se puede detectar una temperatura elevada en las ingles, o incluso sequedad en la trufa, pero no son muy fiables. La manera real de verificarlos es tomarle la temperatura con un termómetro. Si ésta es mayor de 39, sospecha que pueda tener fiebre. Aún así, si no estás muy avezado en tomar la temperatura de un perro mejor acude a tu veterinario y que él se asegure. Hay perros que por su raza o sus características individuales tienen una temperatura más o menos elevada de lo que se considera “normal” en un perro.
  • “Bultos” (nódulos). Éstos se pueden detectar palpando a nuestro perro, a vece se detectan simplemente acariciándolo . Si encuentras alguno en tu perro, no esperes a ver si se le quita solo, acude a tu veterinario porque puede no ser nada de importancia como ser una patología de gravedad que cuanto antes se detecte, mejor será para tu compañero.

Éstos son, a grandes rasgos, algunas de las cosas que podemos observar en nuestro perro y que nos puedan indicar que debemos acudir a nuestro veterinario de confianza para realizarle una revisión a nuestro amigo, para que mantenga un estado de salud óptimo y, en caso de padecer alguna enfermedad, tratarla a la mayor brevedad posible para que no se torne en grave y nuestro perro pueda volver a la vida normal.

Como última recomendación, os aconsejamos que en caso de que a vuestro amigo le sea detectada una enfermedad que pueda ser contagiosa para otros perros, tomes precauciones para que otros amigos peludos no pasen por lo mismo que tu. A veces basta con abstenerse de acudir a un parque o a lugares donde hay muchos otros perros durante el período en que dure la enfermedad, y en otras ocasiones, es aconsejable (si la enfermedad se transmite a través de éstos medios) echar un poquito de lejía en pises o lugares donde haya hecho caca, o llevar un bebedero para que no use uno comunitario.

Porque si nos importa la salud de nuestro amigo y pretendemos cuidarla, debemos pensar que a otros como nosotros también les importa la salud del suyo. Proteger su salud también pasa por proteger la salud del resto de perros con los que nos cruzamos o no en nuestro día a día.

Vivir en la calle.

Hera, una cachorrita rescatada de una manada en el Guadalhorce espera un hogar donde crecer feliz.
Hera, una cachorrita rescatada de una manada en el Guadalhorce espera un hogar donde crecer feliz.

Más de una vez habremos escuchado decir que, para un animal, es mejor “vivir en la calle que en una protectora”, que “son libres” o que “saben buscarse la vida”. Y si normalmente podemos afirmar que lo hemos escuchado decir de un perro, aún es más habitual cuando se trata de gatos, conejos…

La realidad es muy distinta. La vida en la calle de un animal no dista mucho de lo que supone vivir en la calle para una persona.

Tanto si se trata de un animal que ha conocido un hogar y se lo han arrebatado abandonándolo como un animal que no ha conocido uno antes (perros dedicados a la caza, animales que han nacido en la calle) cada día en la calle es una batalla por la supervivencia, además de ayudar a que el problema de la superpoblación de animales se acreciente.

La superpoblación, como ya hemos dicho en muchas ocasiones, es el origen y punto de partida del problema del abandono en nuestro país. Hay demasiados animales, y seguimos trayendo más animales al mundo que terminan por condenar a otros. Empezando por las camadas deseadas o indeseadas de particulares “que quieren vivir la experiencia de tener cachorritos de su perrito o perrita” o que “se les ha escapado o han tenido un descuido” y terminando por los pobres desgraciados que vagan por las calles y que siguen trayendo al mundo camada tras camada. Animales que, si son callejeros, es porque alguien algún día los abandonó.

La vida en la calle es muy dura, y eso se hace patente en su estado físico. Los que disfrutamos de la vida con un animal observaremos que estando bien alimentado y cuidado, el pelo de nuestro amigo brilla con fuerza. Su aspecto corporal es envidiable, o incluso los tenemos gorditos porque es imposible decirle que no cuando piden un poquito más de comida.

Pero si te fijas en cualquiera de esos perros que viven en rotondas, polígonos industriales, cauces de rio o lugares perdidos por el monte.. verás perros delgados, con calvas, con el pelo pobre, sin brillo. La vida en la calle pasa factura y la mayoría de esos pobres ni siquiera llegará a viejo.

El peligro más inminente es el de ser atropellado, o terminar víctima de algún indeseable que decida en un momento desfogar su ira y rabia contra un pobre inocente que se encontraba en el lugar equivocado, frente al humano equivocado.

Pero ese no es el único peligro al que se enfrentan. Comen de los restos de la basura siempre que encuentren algo que comer y que nunca es suficiente para todos. Están expuestos a múltiples enfermedades y parásitos que les harán enfermar y acabarán con su vida si alguien no los saca de allí. Y cuando les queden algunas fuerzas, tendrán una camada tras otra multiplicando el número de animales sin control haciendo imposible rescatarlos a todos. Un esfuerzo físico que los malgastará, especialmente a las hembras que terminarán dejándose morir en cualquier rincón con el cuerpo exhausto.

No hay que irse muy lejos para encontrarte situaciones como las descritas. Como la manada de perros que hemos difundido en más de una ocasión que malviven en el Guadalhorce y que siguen trayendo una camada tras otra, a pesar de que se intenten rescatar o se intente evitar.

Venus, una de las mamás de la manada del Guadalhorce espera un hogar.
Venus, una de las mamás de la manada del Guadalhorce espera un hogar.

Hembras dejándose morir exhaustas de tanto parir, como Venus, que se marchó aun rincón a dejarse morir de puro cansancio y que ahora espera un hogar, o como Negrita, perrita rescatada hace unos años que se la rescató casi en el último aliento para ser operada de urgencia por una piometra causada de tanto tener cachorros tras cachorros. Negrita pudo encontrar su hogar, pero casos como el suyo o el de Venus están a la orden del día.

Son miles los animales que podemos encontrar malviviendo en las calles, gatos atropellados, que se pelean entre sí, que siguen reproduciéndose en las calles, enfermando, conejos desechados al campo al que nunca pertenecieron y que no saben protegerse de los depredadores o buscar comida…

Los seres humanos nos hemos dedicado a domesticar a distintas especies para usarlas en nuestra conveniencia. Los hemos domesticado para que nos ayuden a cazar, a conducir el ganado, a protegernos, a detectarnos enfermedades, a rescatarnos o simplemente a hacernos compañía.

Como responsables de su domesticación, tenemos un deber que cumplir con ellos. Cuidarles, no abandonarles y ser responsables con sus vidas, su presente y su futuro.

Después de todo lo que nos han dado y nos dan a diario, se lo debemos.

Si quieres conocer más a fondo el caso de la camada del Guadalhorce y quieres ayudar, entra en la página de Facebook S.O.S Guadalhorce.

¡ADN Canino al ataque!

caca Ésta semana se ha aprobado para la ciudad de Málaga la implantación del ADN Canino, que pretende acabar con la suciedad en las calles, así como controlar y poder denunciar casos de abandono y maltrato.

En el instante en que se modifiquen las ordenanzas, los ciudadanos contaremos con 6 meses de plazo para acudir a nuestro veterinario a que le extraiga una muestra de sangre a nuestros perros y se proceda a analizar su ADN e incluirlo en un censo. Ésto, que tendrá un coste de 36 euros por perro y que será subvencionado por el ayuntamiento a familias con pocos recursos económicos, servirá para descartar o encontrar al culpable de las deposiciones caninas que quedan sin recoger en nuestra ciudad, así como para encontrar al dueño de un perro abandonado y poder tramitar una denuncia, o facilitar el reencuentro de un perro perdido con su familia.

Así a priori, parece algo que va a beneficiar a mucha gente, y si se implanta bien, lo hará. Poder librarnos los dueños responsables de que nos increpen una y otra vez en la calle por una suciedad que no nos corresponde, poder ver a un “abandonador” multado, a un maltratador en la cárcel o a un perro perdido volver a casa.

En Xàtiva (Valencia) ya se ha aplicado y, aparte de polémicas aparte (como de la oportuna creación un mes antes de una empresa de análisis de ADN por uno de sus concejales), parece que se ha reducido de forma importante la suciedad en las calles (las de los excrementos, aquí tenemos que lidiar con muchos tipos de suciedad, demasiados).

El problema, una vez más, es que pagarán y pagaremos justos por pecadores. Aunque… ¿no ha sido ésto siempre así?

El problema generalizado en ésta ciudad nuestra en particular, y en éste país en que nos ha tocado vivir en general, es justamente que los que lo hacemos bien siempre acabamos pagando los platos rotos de los que no. En éste caso nos va a costar 36 euros por hocico.

Hasta ahora no nos había costado dinero, pero sí unos cuántos disgustos. ¿Cuántos de vosotros no ha recibido un improperio, un insulto y cosas peores? Recuerdo con facilidad, algunas fachadas con excrementos repartidos por toda ella sólo porque quien vive ahí tiene más de un perro, y que por supuesto recoge las deposiciones de los suyos. Y como esas, muchas más.

Visto desde cierta perspectiva, nos ofrece cierta seguridad, la posibilidad de defender la verdad tantas veces dicha de “esa caca no es mía”. Eso sí, propongo que cuando eso ocurra y alguien nos increpe, llamemos a la policía para que recoja una muestra del deshecho y recoja ambos nombres, el del increpador y el del increpado. Y el que pierda paga el análisis de caca2ADN que asciende a 18 euros (y quizá una multita por acoso no estaría mal en muchos casos).

La cuestión es si aquellos que no recogen el excremento (y que son los mismos que no ponen chip, no vacunan, abandonan…) serán perseguidos por no hacerle al can la prueba de ADN con la misma “vehemencia” (nótese las ironía del entrecomillado) con la que se persigue a los que precisamente no han cumplido ni una sola de las normas establecidas en las ordenanzas de nuestra ciudad, y en las normativas de índole superior como las de la Junta o la Ley Estatal. Ojalá la promesa de que sí se controlará y se multará a los que no sometan a sus perros a tal análisis se cumpla, porque realmente sería la única manera de controlar quiénes son los malos de ésta película y no terminemos pagando los de siempre mientras los “abandonadores”, maltratadores y sucios ciudadanos con los que tenemos que compartir ésta ciudad salen impunes, una vez más.

¿A favor o en contra? Las opiniones son diversas y algunas se encuentran a medio camino entre el sí y el no, pero lo que está claro es que las fotos, las campañitas, el regalo de bolsas y otras tantas que se han intentado llevar a cabo, no funcionan. Que las multas no se aplican lo suficiente está claro. Quizá ésta sea una medida radical, pero quizá sea la que palíe un poco tanta inmundicia que perjudica a los perros y a sus sufridos dueños.

Eso sí, cuidado con vecinos y ciudadanos con afición a fastidiar la vida de los demás, que más de uno se preocupa, con razón, de si el que le ha tocado en suerte, se le ocurra sacar una bolsita de la basura y esparcirla por ahí. Quizá aplastarla y manchar toda la bolsa una vez cerrada, le quite las ganas de hacer la gracia manchándose de aquello que tanto asco le da o tirarla en un contenedor alejado de su influencia maligna.

A uno ya le da por desconfiar de todo, pero es que los dueños responsables creo que ya estamos hartos de ser los que tienen la diana en la frente.

Algunos estamos tan hartos, que ya tenemos el teléfono en la mano para saber cuando podremos regalar 36 euros por cola al Ayuntamiento con tal de que nos dejen en paz y de que, con suerte, pillen al cerdo que nos hace avergonzarnos sin tener por qué.